Platicamos luego, te mando un beso.
Y después de leer esto, por mi mente paso tan sólo una cosa…
“¿me mandas un beso? ¿Sólo para mí, como yo quiero?
Porque quiero besarte toda la noche, sin escuchar más reproches.
Quiero que me beses como la primera vez, como ese día que se perdió la timidez, quiero que sea un beso largo, prolongado, eterno, sincero, de amor verdadero.
Ya no quiero el beso de cortesía, el que se da cuando saludas a primera hora del día.
Ahora deseo más que nunca que tomes mis sueños y los hagas realidad,
que los revivas con uno de tus besos, esos que solo tú me puedes dar.
Yo no sé nadar en esas aguas llenas de inseguridad, necesito estar con mi sirena para poder respirar bajo el mar.
Quiero ese beso ahora mismo, pero no sólo uno, quiero perderme en ese abismo tan lindo.
Podríamos platicar horas y quizás en algún momento tendríamos que parar, pero si vas a besarme, quiero que sea hasta dejar de respirar.
Besarte lo haría todos los días que me restan de vida, besarte de nuevo es lo que yo más deseo, porque en tus besos encontré el amor que siempre he estado perdiendo, tus besos son el más dulce…”
Fue entonces cuando me dí cuenta que, pasé tanto tiempo pensando sólo una cosa; lo que son para mí tus besos, o el simple hecho de imaginar que puedo volver a ser parte de ellos.
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